Todos me han mentido alguna vez Miércoles, Oct 1 2008 

Los hay peores

Los hay peores

 

Por muy Rey que sea uno, al fin y al cabo es persona.

Permtanme un ejercicio de vulgaridad y que repase las mentiras a las que me enfrento día a día. Los otros reyes y los políticos no cuentan. Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera.

 

El primero que me miente cada día soy yo mismo. No me creo nada de lo que me digo, y en secreto me hago cortes de mangas que rubrican mi desconfianza. ¿Que eres un rey y padre ejemplar? ¿Que hoy pareces más joven y menos calvo? !Anda ya, Juan Carlos! Que nos conocemos…

Luego depende al familiar con quien hable primero, pero sea quien sea ya sé lo que me va a decir, y eso es una señal inequívoca de que será una mentira. Si fueran sinceros no me dirían siempre lo mismo, porque uno no es siempre el mismo, y por tanto no serían tan previsibles. Somos una maravillosa familia de mentirosos coronados, una estirpe centenaria de troleros que ha perfeccionado tanto su método que a veces nos creemos a nosotros mismos.

Mis empleados. Todos unos falsos. Lo más bonito que deben pensar de mí es que soy un hijoputa con suerte que está ahí de chiripa, y que muy bien podrían ser ellos los que estuvieran desayunando como reyes y yo haciendo de mayordomo.

Luego, a lo largo del día, visito o me visitan una serie de mentirosos que me informan con datos falsos sobre asuntos que probablemente se han inventado o no son como me cuentan. Si quisiera, que no quiero, escapar de este círculo vicioso de mentiras y tratase de informamrme con la prensa o la tele la cosa no mejoraría. Que alguien levante la mano y me diga un medio que dé las noticias de manera absolutamente fidedigna, sin manipular, juzgar ni tergiversar. ¿Nadie? Gracias.

Cae la noche y mientras me afeito para despertarme al día siguiente ya rasurado (tengo un cutis atroz) me pregunto si el espejo no será también otro mentiroso y me devolverá una imagen falsa. Es que resulta que a lo mejor soy una tía o un oso panda y nunca lo sabré, pienso.

Odio a los sinceros porque no encajan en el mundo normal, el que entre todos hemos ido creado durante miles de años. Yo soy rey no porque sea rey, sino porque todos dicen que soy rey. El pocero lo es por la misma razón, etc. Si todos nos pusiéramos de acuerdo en que lo blanco es negro y viceversa, cambiaríamos los nombres de los colores y listo.

Pero yo soy rey. Pienso esto mientras caliento las sábanas crujientes con mi cuerpo orondo y me arropo hasta el papo recién afeitado. Soy rey, soy rey…

Anguita, yo también quisiera que se aboliera la monarquía. Pero es que no sé hacer otra cosa.

Amigos Viernes, Jul 18 2008 

A mis brazos

A mis brazos

 

Querido amigo,

algunos se han enterado por la prensa de que seguimos siendo amigos. Peor para ellos.

Tú y yo sabemos que siempre seremos amigos, y que los amigos son los hermanos que uno elige a lo largo de la vida. Tú y yo sabemos tantas cosas.

En el jardín de tu casa, que es la mía como tantas veces me has dicho, no caben las memorias de un hombre enorme como tú, no hay sitio suficiente para tantos recuerdos y tantas vidas. Tacones, disparos, vampiros, centrales nucleares y paletos de Cádiz aprendiendo inglés. Siempre era apasionante abrirte la puerta de mi despacho y ver cómo abrías esa carpeta de cartón azul marca Centauro, apartabas las gomas elásticas que la mantenían cerradas y dentro estaba España.

Cuando a los borrachos ya no les cabe más vino en el cuerpo lo tienen que llorar, y supongo que cuando uno está ebrio de recuerdos tiene que soltar lastre de algún modo, y en esas estás.

No me gusta la foto que sacan hoy los periódicos, en la que salimos de espaldas, mirando fijamente con nuestros cogotes a los intrusos que nos escrutan buscando al rey con el loco. Prefiero ésta que te pongo, en blanco y negro, porque me parece que retrata mejor esos años salvajes que nos unieron tanto. En aquellos días las cosas eran blancas y negras, el gris y los grises ya no tenían sitio en esa cosa nueva que nos estaba naciendo en los despachos (incubadoras de la nueva España).

Si nos hubiésemos conocido de otra manera, sin coronas ni corbatas por medio, estoy seguro de que habríamos sido dos coñones del carajo, recalando en todos los clubs de la Nacional 3 y más golfos que Arturo Fernández.

Un día, sin que se entere la Sofi, te vengo a buscar con el Lamborghini y ya verás, Adolfo. Ya verás, amigo.

Te perdono Viernes, Jun 13 2008 

Anda ven...

 

 

La verdad es que, aunque vaya mucho, no me gustan los toros. Y mucho menos los toreros. Otra cosa sería una corrida de toreras, o sea, de señoras repretadas en fucsia y oro actuando en un ruedo repleto de machos con puro y una banda tocando pasodobles. Pero es que entonces también me sobraría el toro.

 

Empecé a ir a los toros porque tenía que ir. Para un rey, estar cerca del pueblo es fundamental. Ya sea arengándoles cada Nochevieja cuanto está toda la familia reunida frente a la tele (o desunida pero cada uno frente a su tele) ya en una final de mi Copa de Fútbol, o en los toros.

 

Siempre pensé que si conseguía estar presente en los toros, el fútbol y la tele, estaría con el pueblo. Con mi pueblo. De ahí que no pudiese permitirme el lujo, como hace Sofi, pasar de los toros.

 

Lo que me jode, sin perdón, es que ecnima que uno hace el sacrificio de estar ahí toda la tarde, sin poder fumar (porque me verían mi médico y la Sofi, y la liaríamos), ni mover una ceja ni rascarme los borbones ni nada… encima, digo, que uno está ahí, me jode que de vez en cuando aparezca un torero republicanito como J T que ni me brinda el toro ni nada. Habráse visto.

 

El toro me lo tiene que brindar en primer lugar porque es la costumbre. En segundo lugar porque doy suerte. Y en tercer lugar porque obviando mi majestad y poniéndose del lado del pueblo (más bien del populacho) pone en peligro todos mis esfuerzos de ser un rey cercano, amable, cachondo, del pueblo.

 

En vez de un torero, yo veo un espontáneo de la popularidad que intenta torear a ese Vitorino que es mi gente y quiere robarme mis orejas de la popularidad. Ahora, el rabo que no me lo toque.

 

(…)

 

Lo he pensado y perdono a J T. Después de todo, los toros son lo único que tiene este muchacho desorientado, y además he llegado a la conclusión de que negándome, magnifica mi ya magna imagen. Cada vez que torea éste, me convierto en el centro de todas las miradas antes y después de la faena, y se hace un silencio que deja oír las cenizas de los puros al caer. 

 

Venga, que te perdono, J T !!! 

 

 

Volver Miércoles, Jun 11 2008 

Ya sé, al fondo a la derecha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya vuelvo a estar aquí.

 

Mi ausencia, queridos súbditos, se ha debido a razones de estado. De mal estado, más bien. Uno no ha tenido la coronada cabeza para blogs, que al fin y al cabo son una cosa muy plebeya (por lo popular) y como lo bueno de ser rey qes que uno no tiene que dar explicaciones por sus decisiones, lo voy a dejar ahí.

 

Pero he vuelto. Como los goles de España, como las huelgas, como el verano y los polos espero que lleguen pronto. Y aunque postergaré la expresión de mi ira para otra ocasión porque hoy estoy demasiado contento para ello (gracias al fútbol), sepan ustedes todos que estoy realmente enfadado -como no podía ser menos-. Enfadado con la clase política y la clase de políticos que tenemos en España. Enfadado con el mal tiempo que nos va a dejar con un mini verano que apenas me va a alcanzar para descansar en Mallorca. Enfadado con la prensa que no para de sacarle novios a mi hija. Enfadado, enfadado y enfadado.

 

Por cierto, ya saben que en la foto oficial de la Familia ya no sale Jaime. Creo que he hecho lo correcto, porque esta Familia es como un club en el que se es o no se es. Y cuando se deja de ser, ya no se sale en la foto.

 

Tómenselo como nuestra pequeña contribución a las arcas del Estado para capear mejor esta crisis que se nos viene encima. Uno menos en la plantilla.

 

 

Libertad Viernes, Dic 14 2007 

Free Image Hosting

 

Creo que todos buscamos lo mismo…

 

Hoy lo he hecho una vez más. Me he montado en el Ferrari F40, regalo de un rey amigo mío que ya murió, y me he lanzado a la autopista a ser el rey más rápido sobre la faz de la tierra.

Para mí la velocidad es libertad. Cuánto más rápido, más libre. Una vez un psicólogo me dijo que actuando así buscaba escapar de mí mismo. Yo le contesté que si debería pedir el traslado a Doñana, que allí cuidan muy bien a los linces como él.

Con cada kilómetro por hora que alcanzo se tensa un poco más el hilo invisible que me ata a lo que soy y a lo que debo ser. Pero yo sólo soy un rey que aprieta el acelerador con la mirada fija en un horizonte que no llega nunca, yo sólo quiero mandar en esta carretera, que me dejen vivir para siempre en este momento perfecto que es alcanzar los 275 por hora. No sé a dónde quiero llegar, pero sigo la brújula que es el marcador de velocidad y que siempre apunta al norte de los 300, de los 310…

Excepto por momentos así, ser rey es tan duro. De verdad.

 

A veces, harto de trajes azules, me pongo un chándal barato o unos vaqueros y camino en círculos por mi habitación, mirándome en los espejos. Me siento travestido, poco yo y por tanto libre.

 

Sería absurdo decir que no quiero ser rey. Con el tiempo, se ha convertido en la única forma de ser que concibo. No me imagino en otro avatar. Tal vez esté bien así y todo sea como debe ser.

 

Lo mejor es que no pago en la Feria del Libro. Eso, te lo digo como lo siento, no lo cambio por nada.

¿Quién es él? Martes, Dic 11 2007 

paisaje 

Volvía mi hijo de saludar con toda normalidad a un montón de gente y a alguna que otra gentuza, cuando no pude resistir la tentación de llamarle. Por teléfono, claro.

-Felipe.

-Bien, papá. Nada, un rollo pero agradable. La nueva presidenta no me gusta, aunque se nota que quiere gustar. Pero es que no le pillo el punto. Luego te cuento un chiste muy bueno que circula por Buenos Aires sobre Cristina. Vamos a pasar por un túnel.

Me gustó que no mencionase al Chavo del Ocho, porque eso quiere decir que la cosa está olvidada, tanto que a lo mejor nunca existió. Bueno, mejor simplemente olvidada, porque si nunca existió significa que alguna vez podría llegar a existir, y si ya fue es casi seguro que nunca volverá a ser.

Pero ya nadie me habla del incidente, y no porque les mande callar, claro, sino porque el tiempo va poniendo a cada uno en su sitio. De mí se seguirá hablando poco durante mucho tiempo, y de él se ha hablado mucho durante poco tiempo. Como debe ser. Muy pronto, si alguien le menciona o me pregunta por él, preguntaré con el más borbón de los despistes:

-¿Quién?

Hoy me he sentado en un balcón de Palacio, el único que está sin acristalar. El viento de la sierra mezclado con la contaminación de la carretera de La Coruña hacía que me escociese la cara recién afeitada. ME gusta el frío porque es higiénico, castellano y respetuoso. No altera las cosas, no sofoca las conciencias ni desmiente al calendario, como hace a veces el calor veraniego, tan plebeyo y promiscuo. El cielo morado de Madrid es ideal para pensar en uno mismo, así que me senté un rato a mirarme las manos, mis manos de rey. Tan llenas de poder y por eso tan vacías. ¿Echaba en falta algo?

¡Claro! ¡El chico al final no volvió a llamar y me quedé sin saber el chiste! 

¿Cómo será la normalidad? Martes, Nov 27 2007 

vosotras, inevitables... 

¿Se puede tener nostalgia de algo que no se ha conocido? ¿Puede un rey echar de menos la normalidad?

Yo a veces echo de menos ser un niño pequeño que merienda pan con mantequilla en un cuarto de estar con televisión mientras su madre hace costura junto a la ventana.

O llamarme José y que me queden seis meses para que me asciendan a encargado en el taller, porque como empecé muy jovencito de chapista y nunca he dado un amparo guerra al dueño le caigo bien. Y cobrar mil euros al mes.

O ponerme contento cuando vengan a verme a un asilo de Murcia, una residencia muy limpia y silenciosa con jardín y muchos días de sol, que eso es gloria para los viejos.

Pero como decía un tebeo, con un gran poder llega una gran responsabilidad. Aunque no sé si mi poder consiste en ser inmune a la normalidad, o mi responsabilidad consiste en llevar una vida alejada de la normalidad, pero entre personas normales.

Como tú.

Hielo Lunes, Nov 26 2007 

brrr!

 

Que dice ahora el Chavo del Ocho que las relaciones diplomáticas entre España y Venezuela quedarán congeladas hasta que un servidor de nadie se disculpe.

 

Que digo yo que esto puede ayudar bastante a mitigar el cambio climático.

 

Porque yo, no me disculpo.

 

Casi nunca me repito, pero ¿por qué no se habrá vuelto a callar esta vez?

Comiendo, que es gerundio Martes, Nov 20 2007 

Mesa, mantel y charleta

 

Hoy ha venido Bill a Madrid y me lo he llevado a Lucio.

 

Nos han dejado el restaurante para nosotros solos, y después de que los chicos de la prensa nos tomasen esta foto que véis, comimos a gusto, que es como comen dos amigos cuando hace tiempo que no se ven, y máxime cuando hay posibles, coño.

 

Yo me reía y le hacía reir, y entre risas y más risas, yo venga a chutarme jamón y venga jamón. A Bill no le dije nada, pero le vi un poco cohibido, a lo mejor por lo rústico del lugar, pero no creo porque últimamente ha frecuentado mucho Sudamérica para lo suyo de las fundaciones benéficas y lo del cambio climático. A lo mejor está así porque ve a Hilary en la Casa Blanca, que parece bastante seguro, y claro, al hombre yo le comprendo. Después de fumarse puros en la sala oval y de darle de fumar a todas las que lo pedían, igual se teme que a la Hilary un día le aparezca un becario debajo de la falda y encima él tenga que apechugar y apoyarla, que es lo que hizo Hilary cuando aquello, ya me entienden.

 

Pero a lo que iba, la comida ha estado fenomenal. Al salir a la Carrera de San Jerónimo yo me sentía pleno de mí mismo, ahíto de jamón y contento de vino. Vamos, como un rey.

 

Me perturbó un poco ver cómo Bill se sacudía las miguitas de pan de los pantalones con la servilleta frotando y frotando; yo creo que se dio cuenta y me miró como diciendo: “de esto a Hilary ni una palabra, ¿vale, amiguete?

Todos los días son lunes Lunes, Nov 19 2007 

una copita? 

Para un rey todos los días son laborables, siempre hay algo que hacer, un embajador que recibir, una entrevista con algún sindicalista (soy un rey popular, del pueblo), o con algún ex-presidente, que en España ya vamos teniendo unos cuentos, algún viaje al extranjero o a Melilla, que no es el extranjero.

Hay días que confundo los nombres, me suenan las caras pero no atino y se me va el santo al cielo. Con algunos me siento como esos reyes magos de pega que ponen en los grandes almacenes, escuchando por ejemplo a un secretario general de cualquier cosa o a un alcalde de vaya usted a saber qué pueblo, y no sé por qué, me parece que cuando hablan conmigo de repente se infantilizan, me sonríen de una manera un poco boba, a lo mejor porque esperan conseguir algo, o ya lo han conseguido, porque lo único que querían era hablar con el rey, o sea, conmigo. Y yo necesito descansar.

Como el alcohol fuerte me está mal, y además nunca se sabe cuándo va a ocurrir una desgracia y va uno a tener que coger el helicóptero para visitar la zona declarada catastrófica, me tengo que conformar con chutes de jamón ibérico, casi siempre regalo de algún socialistón de la Junta de Andalucía que no quiere descuidar la parte monárquica  (aunque luego se vaya a Montejurra en mangas de camisa y salga sudado en las fotos abrazándose a un paisano) .

A veces he pensado tener unos perros para sentirme menos solo. Pero no creo que sea buena idea. Son demasiado obedientes.

Hay algunos, escasos días, en que me pongo enfermo de realeza y anulo todos los actos públicos, que en mi caso son todos. Entonces me quedo en casa, en bata, viendo películas malas y llamando por teléfono a mediodía a mis amigos golfos de Madrid para joderles el sueño. No me afeito y si por la tarde se presenta aquí la familia con los nietos, entonces ya sí que no son días laborables. Esos días son adorables.

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