
Hoy ha venido Bill a Madrid y me lo he llevado a Lucio.
Nos han dejado el restaurante para nosotros solos, y después de que los chicos de la prensa nos tomasen esta foto que véis, comimos a gusto, que es como comen dos amigos cuando hace tiempo que no se ven, y máxime cuando hay posibles, coño.
Yo me reía y le hacía reir, y entre risas y más risas, yo venga a chutarme jamón y venga jamón. A Bill no le dije nada, pero le vi un poco cohibido, a lo mejor por lo rústico del lugar, pero no creo porque últimamente ha frecuentado mucho Sudamérica para lo suyo de las fundaciones benéficas y lo del cambio climático. A lo mejor está así porque ve a Hilary en la Casa Blanca, que parece bastante seguro, y claro, al hombre yo le comprendo. Después de fumarse puros en la sala oval y de darle de fumar a todas las que lo pedían, igual se teme que a la Hilary un día le aparezca un becario debajo de la falda y encima él tenga que apechugar y apoyarla, que es lo que hizo Hilary cuando aquello, ya me entienden.
Pero a lo que iba, la comida ha estado fenomenal. Al salir a la Carrera de San Jerónimo yo me sentía pleno de mí mismo, ahíto de jamón y contento de vino. Vamos, como un rey.
Me perturbó un poco ver cómo Bill se sacudía las miguitas de pan de los pantalones con la servilleta frotando y frotando; yo creo que se dio cuenta y me miró como diciendo: “de esto a Hilary ni una palabra, ¿vale, amiguete?