vosotras, inevitables... 

¿Se puede tener nostalgia de algo que no se ha conocido? ¿Puede un rey echar de menos la normalidad?

Yo a veces echo de menos ser un niño pequeño que merienda pan con mantequilla en un cuarto de estar con televisión mientras su madre hace costura junto a la ventana.

O llamarme José y que me queden seis meses para que me asciendan a encargado en el taller, porque como empecé muy jovencito de chapista y nunca he dado un amparo guerra al dueño le caigo bien. Y cobrar mil euros al mes.

O ponerme contento cuando vengan a verme a un asilo de Murcia, una residencia muy limpia y silenciosa con jardín y muchos días de sol, que eso es gloria para los viejos.

Pero como decía un tebeo, con un gran poder llega una gran responsabilidad. Aunque no sé si mi poder consiste en ser inmune a la normalidad, o mi responsabilidad consiste en llevar una vida alejada de la normalidad, pero entre personas normales.

Como tú.