Te perdono Viernes, Jun 13 2008 

Anda ven...

 

 

La verdad es que, aunque vaya mucho, no me gustan los toros. Y mucho menos los toreros. Otra cosa sería una corrida de toreras, o sea, de señoras repretadas en fucsia y oro actuando en un ruedo repleto de machos con puro y una banda tocando pasodobles. Pero es que entonces también me sobraría el toro.

 

Empecé a ir a los toros porque tenía que ir. Para un rey, estar cerca del pueblo es fundamental. Ya sea arengándoles cada Nochevieja cuanto está toda la familia reunida frente a la tele (o desunida pero cada uno frente a su tele) ya en una final de mi Copa de Fútbol, o en los toros.

 

Siempre pensé que si conseguía estar presente en los toros, el fútbol y la tele, estaría con el pueblo. Con mi pueblo. De ahí que no pudiese permitirme el lujo, como hace Sofi, pasar de los toros.

 

Lo que me jode, sin perdón, es que ecnima que uno hace el sacrificio de estar ahí toda la tarde, sin poder fumar (porque me verían mi médico y la Sofi, y la liaríamos), ni mover una ceja ni rascarme los borbones ni nada… encima, digo, que uno está ahí, me jode que de vez en cuando aparezca un torero republicanito como J T que ni me brinda el toro ni nada. Habráse visto.

 

El toro me lo tiene que brindar en primer lugar porque es la costumbre. En segundo lugar porque doy suerte. Y en tercer lugar porque obviando mi majestad y poniéndose del lado del pueblo (más bien del populacho) pone en peligro todos mis esfuerzos de ser un rey cercano, amable, cachondo, del pueblo.

 

En vez de un torero, yo veo un espontáneo de la popularidad que intenta torear a ese Vitorino que es mi gente y quiere robarme mis orejas de la popularidad. Ahora, el rabo que no me lo toque.

 

(…)

 

Lo he pensado y perdono a J T. Después de todo, los toros son lo único que tiene este muchacho desorientado, y además he llegado a la conclusión de que negándome, magnifica mi ya magna imagen. Cada vez que torea éste, me convierto en el centro de todas las miradas antes y después de la faena, y se hace un silencio que deja oír las cenizas de los puros al caer. 

 

Venga, que te perdono, J T !!! 

 

 

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Ya sé, al fondo a la derecha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya vuelvo a estar aquí.

 

Mi ausencia, queridos súbditos, se ha debido a razones de estado. De mal estado, más bien. Uno no ha tenido la coronada cabeza para blogs, que al fin y al cabo son una cosa muy plebeya (por lo popular) y como lo bueno de ser rey qes que uno no tiene que dar explicaciones por sus decisiones, lo voy a dejar ahí.

 

Pero he vuelto. Como los goles de España, como las huelgas, como el verano y los polos espero que lleguen pronto. Y aunque postergaré la expresión de mi ira para otra ocasión porque hoy estoy demasiado contento para ello (gracias al fútbol), sepan ustedes todos que estoy realmente enfadado -como no podía ser menos-. Enfadado con la clase política y la clase de políticos que tenemos en España. Enfadado con el mal tiempo que nos va a dejar con un mini verano que apenas me va a alcanzar para descansar en Mallorca. Enfadado con la prensa que no para de sacarle novios a mi hija. Enfadado, enfadado y enfadado.

 

Por cierto, ya saben que en la foto oficial de la Familia ya no sale Jaime. Creo que he hecho lo correcto, porque esta Familia es como un club en el que se es o no se es. Y cuando se deja de ser, ya no se sale en la foto.

 

Tómenselo como nuestra pequeña contribución a las arcas del Estado para capear mejor esta crisis que se nos viene encima. Uno menos en la plantilla.