¿Quién es él? Martes, Dic 11 2007 

paisaje 

Volvía mi hijo de saludar con toda normalidad a un montón de gente y a alguna que otra gentuza, cuando no pude resistir la tentación de llamarle. Por teléfono, claro.

-Felipe.

-Bien, papá. Nada, un rollo pero agradable. La nueva presidenta no me gusta, aunque se nota que quiere gustar. Pero es que no le pillo el punto. Luego te cuento un chiste muy bueno que circula por Buenos Aires sobre Cristina. Vamos a pasar por un túnel.

Me gustó que no mencionase al Chavo del Ocho, porque eso quiere decir que la cosa está olvidada, tanto que a lo mejor nunca existió. Bueno, mejor simplemente olvidada, porque si nunca existió significa que alguna vez podría llegar a existir, y si ya fue es casi seguro que nunca volverá a ser.

Pero ya nadie me habla del incidente, y no porque les mande callar, claro, sino porque el tiempo va poniendo a cada uno en su sitio. De mí se seguirá hablando poco durante mucho tiempo, y de él se ha hablado mucho durante poco tiempo. Como debe ser. Muy pronto, si alguien le menciona o me pregunta por él, preguntaré con el más borbón de los despistes:

-¿Quién?

Hoy me he sentado en un balcón de Palacio, el único que está sin acristalar. El viento de la sierra mezclado con la contaminación de la carretera de La Coruña hacía que me escociese la cara recién afeitada. ME gusta el frío porque es higiénico, castellano y respetuoso. No altera las cosas, no sofoca las conciencias ni desmiente al calendario, como hace a veces el calor veraniego, tan plebeyo y promiscuo. El cielo morado de Madrid es ideal para pensar en uno mismo, así que me senté un rato a mirarme las manos, mis manos de rey. Tan llenas de poder y por eso tan vacías. ¿Echaba en falta algo?

¡Claro! ¡El chico al final no volvió a llamar y me quedé sin saber el chiste! 

Hielo Lunes, Nov 26 2007 

brrr!

 

Que dice ahora el Chavo del Ocho que las relaciones diplomáticas entre España y Venezuela quedarán congeladas hasta que un servidor de nadie se disculpe.

 

Que digo yo que esto puede ayudar bastante a mitigar el cambio climático.

 

Porque yo, no me disculpo.

 

Casi nunca me repito, pero ¿por qué no se habrá vuelto a callar esta vez?

Comiendo, que es gerundio Martes, Nov 20 2007 

Mesa, mantel y charleta

 

Hoy ha venido Bill a Madrid y me lo he llevado a Lucio.

 

Nos han dejado el restaurante para nosotros solos, y después de que los chicos de la prensa nos tomasen esta foto que véis, comimos a gusto, que es como comen dos amigos cuando hace tiempo que no se ven, y máxime cuando hay posibles, coño.

 

Yo me reía y le hacía reir, y entre risas y más risas, yo venga a chutarme jamón y venga jamón. A Bill no le dije nada, pero le vi un poco cohibido, a lo mejor por lo rústico del lugar, pero no creo porque últimamente ha frecuentado mucho Sudamérica para lo suyo de las fundaciones benéficas y lo del cambio climático. A lo mejor está así porque ve a Hilary en la Casa Blanca, que parece bastante seguro, y claro, al hombre yo le comprendo. Después de fumarse puros en la sala oval y de darle de fumar a todas las que lo pedían, igual se teme que a la Hilary un día le aparezca un becario debajo de la falda y encima él tenga que apechugar y apoyarla, que es lo que hizo Hilary cuando aquello, ya me entienden.

 

Pero a lo que iba, la comida ha estado fenomenal. Al salir a la Carrera de San Jerónimo yo me sentía pleno de mí mismo, ahíto de jamón y contento de vino. Vamos, como un rey.

 

Me perturbó un poco ver cómo Bill se sacudía las miguitas de pan de los pantalones con la servilleta frotando y frotando; yo creo que se dio cuenta y me miró como diciendo: “de esto a Hilary ni una palabra, ¿vale, amiguete?

Todos los días son lunes Lunes, Nov 19 2007 

una copita? 

Para un rey todos los días son laborables, siempre hay algo que hacer, un embajador que recibir, una entrevista con algún sindicalista (soy un rey popular, del pueblo), o con algún ex-presidente, que en España ya vamos teniendo unos cuentos, algún viaje al extranjero o a Melilla, que no es el extranjero.

Hay días que confundo los nombres, me suenan las caras pero no atino y se me va el santo al cielo. Con algunos me siento como esos reyes magos de pega que ponen en los grandes almacenes, escuchando por ejemplo a un secretario general de cualquier cosa o a un alcalde de vaya usted a saber qué pueblo, y no sé por qué, me parece que cuando hablan conmigo de repente se infantilizan, me sonríen de una manera un poco boba, a lo mejor porque esperan conseguir algo, o ya lo han conseguido, porque lo único que querían era hablar con el rey, o sea, conmigo. Y yo necesito descansar.

Como el alcohol fuerte me está mal, y además nunca se sabe cuándo va a ocurrir una desgracia y va uno a tener que coger el helicóptero para visitar la zona declarada catastrófica, me tengo que conformar con chutes de jamón ibérico, casi siempre regalo de algún socialistón de la Junta de Andalucía que no quiere descuidar la parte monárquica  (aunque luego se vaya a Montejurra en mangas de camisa y salga sudado en las fotos abrazándose a un paisano) .

A veces he pensado tener unos perros para sentirme menos solo. Pero no creo que sea buena idea. Son demasiado obedientes.

Hay algunos, escasos días, en que me pongo enfermo de realeza y anulo todos los actos públicos, que en mi caso son todos. Entonces me quedo en casa, en bata, viendo películas malas y llamando por teléfono a mediodía a mis amigos golfos de Madrid para joderles el sueño. No me afeito y si por la tarde se presenta aquí la familia con los nietos, entonces ya sí que no son días laborables. Esos días son adorables.

Estoril on my mind Viernes, Nov 16 2007 

 El Paraóo

A veces se me va la lengua (la española, quiero decir) y suelto algo en inglés sin querer.

Quería decir con el título que echo de menos mis días felices en Estoril (gracias, Paco, que descanses en paz), cuando vivía en una infancia irresponsable, luminosa e interminable mientras duró. Era la paz, idiota, la paz.

No recuerdo muchas cosas, lo cual quiere decir que era bastante feliz. No había periódicos ni periodistas que me hicieran sentir el príncipe que yo era, y fuera de casa nadie me llamaba majestad. Esto me daba un poco de rabia, pero bueno.

A cambio tenía chicas portuguesas, francesas, españolas bien… y sobre todo una italiana que luego me salió pedigüeña y lagartona pero con la que me entendía muy bien. A veces, al volver de la playa, jugábamos a tratarnos de majestad, porque pensábamos que nos íbamos a casar y que íbamos a reinar en España. En fin.

Durante todo el día he estado solo, deambulando por Palacio, y como afortunadamente la prensa empieza a estar aburrida de lo mío con el chavo del ocho, he tenido tiempo, como digo, para pensar, para recordar y para escribir esta entrada en el blog.

Por cierto, a ver si me escribe alguien, coño!

Ahí dejo otro taco para ver si alguien busca en google esa palabreja y se anima a comentarme. Joder ya.

Solo en casa Jueves, Nov 15 2007 

 Qué rico...

La familia anda revuelta.

Sofi se ha ido con su hermana a Londres. Felipe y Leti andan por China inaugurando cosas. Las niñas… bueno, tiempo ha que hacen su vida, y sobre todo Elena tiene problemas que torear en casa. Así que hoy he estado solito en casa.

He bajado un rato a mirar los coches del garaje; bueno, algunos, porque tampoco quería pasarme el día entero en la cochera, como un lacayo. Normalmente pido que me preparen el F40, o el Testarrossa, o el Lambo y ya está. Pero otras veces, como hoy, me apetece bajar a pasarles revista, contemplar cómo relucen esas bestias metálicas a la luz de los fluorescentes, cómo parecen soldados apostados aguardando mi señal para transportarme al mundo urgente y peligroso de la velocidad, que me encanta.

Mis zapatos de rejilla sonaban a cada paso levantando ecos cruentos en la caverna de “la cuadra”, como llamo a mi garaje. Eran los puntos suspensivos sonoros de mi soledad.  Por un momento me sentí casi triste.

Pero entonces recordé lo que me estaba poniendo triste: ¡Estaba solo! Así que no me lo pensé dos veces. Caminé lentamente, sin poder evitar mirar hacia atrás por encima del hombro. Llegué hasta la portezuela del Lamborghini, mi favorito. Una vez dentro abrí la pequeña guantera. Saqué el paquete de Fortuna que escondo a los ojos de Sofi para las ocasiones especiales, como cuando me paro en la cuneta después de haber pasado de 250 por hora.

Y encendí un pito.

¡Tú! ¿Por qué no te callas? Miércoles, Nov 14 2007 

corona.png

Hola, vasallos. Con este post declaro inaugurado lo que espero sea un fructífero intercambio entre vosotros, mis vasallos, y Yo, vuestra majestad.

No os acojonéis, que ya sabés que soy un tío simpático, como muy del pueblo, y que no sólo no me importa mezclarme con vosotros sino que disfruto con ello y además, para qué negarlo, me sirve para relajarme de los problemillas que tengo en Palacio. Últimamente andaba yo un poco tenso con esto de la chica, que está separándose del pieza de su marido (espero que pronto pueda decir ex-marido). Y hete aquí que, aprovechando que tenía a huevo un viajecito a Sudamérica, no me lo pensé dos veces.  Pensé: ron del bueno, viejos amigos, buen clima y como siempre poco que hacer (soy una figura decorativa representativa, recordad). Pero fue que no.

El resto ya lo saben. Menos mal que sé que usted, su familia, sus vecinos y las familias de sus vecinos me apoyan. Firmemente. Como un solo hombre. Como debe ser, coño. ¿Lo veis? Si es que soy tan normal que hasta digo tacos.