Estoril on my mind Viernes, Nov 16 2007 

 El Paraóo

A veces se me va la lengua (la española, quiero decir) y suelto algo en inglés sin querer.

Quería decir con el título que echo de menos mis días felices en Estoril (gracias, Paco, que descanses en paz), cuando vivía en una infancia irresponsable, luminosa e interminable mientras duró. Era la paz, idiota, la paz.

No recuerdo muchas cosas, lo cual quiere decir que era bastante feliz. No había periódicos ni periodistas que me hicieran sentir el príncipe que yo era, y fuera de casa nadie me llamaba majestad. Esto me daba un poco de rabia, pero bueno.

A cambio tenía chicas portuguesas, francesas, españolas bien… y sobre todo una italiana que luego me salió pedigüeña y lagartona pero con la que me entendía muy bien. A veces, al volver de la playa, jugábamos a tratarnos de majestad, porque pensábamos que nos íbamos a casar y que íbamos a reinar en España. En fin.

Durante todo el día he estado solo, deambulando por Palacio, y como afortunadamente la prensa empieza a estar aburrida de lo mío con el chavo del ocho, he tenido tiempo, como digo, para pensar, para recordar y para escribir esta entrada en el blog.

Por cierto, a ver si me escribe alguien, coño!

Ahí dejo otro taco para ver si alguien busca en google esa palabreja y se anima a comentarme. Joder ya.

Solo en casa Jueves, Nov 15 2007 

 Qué rico...

La familia anda revuelta.

Sofi se ha ido con su hermana a Londres. Felipe y Leti andan por China inaugurando cosas. Las niñas… bueno, tiempo ha que hacen su vida, y sobre todo Elena tiene problemas que torear en casa. Así que hoy he estado solito en casa.

He bajado un rato a mirar los coches del garaje; bueno, algunos, porque tampoco quería pasarme el día entero en la cochera, como un lacayo. Normalmente pido que me preparen el F40, o el Testarrossa, o el Lambo y ya está. Pero otras veces, como hoy, me apetece bajar a pasarles revista, contemplar cómo relucen esas bestias metálicas a la luz de los fluorescentes, cómo parecen soldados apostados aguardando mi señal para transportarme al mundo urgente y peligroso de la velocidad, que me encanta.

Mis zapatos de rejilla sonaban a cada paso levantando ecos cruentos en la caverna de “la cuadra”, como llamo a mi garaje. Eran los puntos suspensivos sonoros de mi soledad.  Por un momento me sentí casi triste.

Pero entonces recordé lo que me estaba poniendo triste: ¡Estaba solo! Así que no me lo pensé dos veces. Caminé lentamente, sin poder evitar mirar hacia atrás por encima del hombro. Llegué hasta la portezuela del Lamborghini, mi favorito. Una vez dentro abrí la pequeña guantera. Saqué el paquete de Fortuna que escondo a los ojos de Sofi para las ocasiones especiales, como cuando me paro en la cuneta después de haber pasado de 250 por hora.

Y encendí un pito.

¡Tú! ¿Por qué no te callas? Miércoles, Nov 14 2007 

corona.png

Hola, vasallos. Con este post declaro inaugurado lo que espero sea un fructífero intercambio entre vosotros, mis vasallos, y Yo, vuestra majestad.

No os acojonéis, que ya sabés que soy un tío simpático, como muy del pueblo, y que no sólo no me importa mezclarme con vosotros sino que disfruto con ello y además, para qué negarlo, me sirve para relajarme de los problemillas que tengo en Palacio. Últimamente andaba yo un poco tenso con esto de la chica, que está separándose del pieza de su marido (espero que pronto pueda decir ex-marido). Y hete aquí que, aprovechando que tenía a huevo un viajecito a Sudamérica, no me lo pensé dos veces.  Pensé: ron del bueno, viejos amigos, buen clima y como siempre poco que hacer (soy una figura decorativa representativa, recordad). Pero fue que no.

El resto ya lo saben. Menos mal que sé que usted, su familia, sus vecinos y las familias de sus vecinos me apoyan. Firmemente. Como un solo hombre. Como debe ser, coño. ¿Lo veis? Si es que soy tan normal que hasta digo tacos.

« Entradas anteriores